La revolución rusa: La caída del Zar y el ascenso de Kerenski

La revolución de marzo.

Incapaz de controlar el volcado de los manifestanes hacia las calles el Zar decidió abdicar

El 27 de febrero el centro de Petrogrado (antigua San Petersburgo) se vio invadido por los manifestantes. La enorme fábrica metalúrgica Putílov, con 24.000 trabajadores, entró en huelga pocos días más tarde. El 8 de marzo, día internacional de la mujer, aumentaron las huelgas y manifestaciones. Los intentos de los notables de la ciudad para flexibilizar la postura rígida del zar no tuvieron resultado. El presidente de la Duma exigió al zar un gobierno investido de la confianza popular, y en respuesta Nicolás II disolvió la asamblea. Una parte de la guarnición de la ciudad se unió a los revolucionarios, en su mayoría obreros del barrio de Víborg, el 12 de marzo. Los principales edificios públicos fueron tomados por los insurrectos, que detuvieron a ministros y líderes zaristas. Moscú cayó también en manos de los revolucionarios. La Duma formó un Comité Ejecutivo Provisional, y por otra parte el soviet de obreros y soldados se constituyó en poder paralelo. El 15 de marzo se formó un gobierno provisional, integrado por políticos liberales y socialistas.
Nicolás II se hallaba en el cuartel general de Mohilev, y trató de reaccionar contra la revolución instalada en la capital. Pero fue informado de que ni un solo cuerpo de su ejército estaba dispuesto a acatar sus órdenes. El zar abdicó, finalmente, la noche del 15 al 16 de marzo, en su hermano, el gran duque Miguel; pero éste no quiso aceptar el trono ruso, al negarse el gobierno provisional a prestarle acatamiento. Pocos días más tarde, el zar y su familia fueron hechos prisioneros. La monarquía había concluido en Rusia.
Kerensky en el poder.

 Trás una serie de revueeltas y querellas políticas Alexandr Kerenski se convirtió en el primer ministro de Rusia

El gobierno provisional fue reorganizado cuatro veces en pocos meses. En el primer gabinete, junto a los representantes liberales había un solo ministro socialista, Alexandr Kerensky, cuya importancia fue agigantándose en los meses siguientes. A pesar de la supresión de la monarquía y sus instituciones, el gobierno provisional, dividido, carente de fuerzas efectivas para dominar la situación y con voluntad reformista, pero no revolucionaria, fue incapaz de redistribuir las tierras, contentar a las nacionalidades no rusas o acordar la paz con las potencias centrales, tres actuaciones reclamadas por la mayor parte de la opinión pública. Mientras tanto, el poder de los soviets, más identificados con los sentimientos populares, aumentaba sin cesar, y dentro de los soviets el de los socialistas revolucionarios.
En abril se reunió la conferencia panrusa del partido bolchevique. Su principal líder, Lenin, volvió a Petrogrado desde su exilio en Suiza y consiguió imponer al partido sus tesis revolucionarias, adoptando el programa «pan, tierra y paz».
El enfrentamiento entre bolcheviques y gobierno provisional, en julio, se saldó provisionalmente con el triunfo del segundo, y Lenin huyó a Finlandia. El 6 de agosto Kerenski se convirtió en primer ministro. Consiguió desbaratar un golpe de estado derechista, dirigido por el general Lavr Kornílov en septiembre, pero la prosecución de la guerra lo hizo cada vez más impopular.

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