
Cayo Octavio Turino, luego llamado Cayo Julio César Octaviano, tras su adopción por Julio César y luego Cayo Julio César Octaviano Augusto, cuando el senado le concedió el título de Augusto. Ejemplo de como una persona podía cambiar legalmente su nombre según las cuestiones romanas.
Recapitulando rápidamente el nombre romano estaba conformado por un praenomen que podría corresponderse con un nombre propio, un nomen que equivaldría a nuestros apellidos y un cognomen que distinguía las diversas ramas de una gran familia en común que compartía el apellido.
Este sistema tenía el inconveniente que se daba el caso de que podían existir varias personas con el mismo nombre. Si bien el uso del cognomen intentó solucionar el problema, lo cierto es que no siempre resultaba una solución práctica. Lo cierto es que con el tiempo se fue agregando un cuarto nombre conocido como agnomen o cognomen ex-virtute. El agnomen se dio prácticamente en casos en los que era necesario distinguir entre dos o más personas que se llamaban de la misma manera. Normalmente eran distinciones como padre, hijo, mayor o menor, por ejemplo para distinguir a los dos escritores llamados Cayo Plinio Cecilio, se le agrega la distinción de “el viejo” para el tío y “el joven” para el sobrino. A veces se utilizaba un cargo que había alcanzado uno de ellos y con el que se lo asociaba fuertemente para distinguirlo del otro, como es el caso de los dos políticos Marco Porcio Catón, el bisabuelo fue conocido como “el censor” debido a la importante obra que realizó desde esta magistratura, mientras el bisnieto como “el jóven” o “de Utica” ciudad en la que se suicidó tras el triunfo de César y el inminente colapso de la república.
Algunas veces, el agnomen era hereditario y podía tener forma legal. Tras su triunfo sobre Cartago, Publio Cornelio Escipión, recibió del senado el título de “el Africano”. A partir de entonces, existió dentro de la gran familia de los Cornelios la rama de los Escipiones y dentro de los Escipiones la subdivisión de los Africanos. Una vez que aplastó a toda la oposición y se hizo con el poder absoluto, el senado le otorgó a Octavio el nombre de Augusto que significa “el augurado” “el elegido” el cual pasó en los hechos a ser un nombre que se agregaban todos los emperadores.
Las mujeres se limitaban a llevar el nomen de su padre en caso femenino. En caso de varias hermanas, se las distinguía llamándolas mayor o menor, o bien primera, segunda, tercera en caso de ser más de dos. En contextos en que fuese necesario distinguir entre varias mujeres de una misma gens, se aplicaba el cognomen paterno en caso posesivo, así una hipotética hija de Cornelio Escipión (Cornelius Scipio) se llamaría Cornelia Scipionis (Cornelia de Escipión) y una supuesta hija de Cornelio Sula (Cornelius Sulla), Cornelia Sullae (Cornelia de Sula). A finales de la república comenzaron a heredar el cognomen de su padre en género femenino. También comenzó a darse el fenómeno de que las hijas podían heredar el nomen de su padre o madre, según cual proviniera de una familia más prestigiosa.
Los esclavos llevaban el nombre que sus amos le hubieran creído conveniente dar. En “El Satiricón” de Petronio, aparece un esclavo cuyo nombre es “Trincha” debido a que su función consiste en trinchar el pollo. “El Satiricón” es una obra de ficción y sátira costumbrista, por lo que no se puede suponer que ese caso en particular haya existido, pero sí de que se esta burlando de una realidad. En caso de ser liberado, el esclavo adquiría el praenomen y nomen de su dueño y mantenía su propio nombre como cognomen. Es sabido que el padre del poeta Quinto Horacio Flaco era un esclavo liberado, por lo que su nombre como esclavo fue solamente Flaco. Suponiendo que estuvo al servicio de un hombre llamado Tiberio Horacio Nerón, su nombre como hombre libre fue Tiberio Horacio Flaco.
La adopción también tenía su mecanismo en los nombres, el adoptado conservaba su praenomen, pero adquiría el nomen y cognomen de su familia adoptiva, mientras que su nomen de nacimientos pasaba como adnomen con el sufijo de “-anus” (en español se traduce por “–ano”). Así Publio Emilio Paulo, pasó a llamarse Publio Cornelio Escipión Emiliano una vez adoptado por Publio Cornelio Escipión. Aunque el caso más famoso es el de Cayo Octavio Turino, que tras ser adoptado por su tio abuelo Cayo Julio César, obtuvo el nombre de Cayo Julio César Octaviano.
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