
Caius Iulius Caesar (Cayo Julio César), posiblemente el nombre romano más recordado en la actualidad y claro ejemplo de como estos se conformaban. Prenomen, nomen y cognomen.
El elemento principal que constituía los nombres romanos era el nomen, lo que se corresponde en buena medida con los apellidos actuales. Sin embargo, a menos que se tratara de un ambiente familia o extrema confianza, normalmente uno se dirigía hacia otra persona por el nomen. El nomen indicaba la gens a la que pertenecía el individuo, el concepto gens era un tanto el de familia, como linaje y clan. Tenía una importancia capital debido a que existía una concepción jurídica y religiosa que uno más que individuo sujeto de derecho, era miembro de una familia. Los bienes patrimoniales no pertenecían a una persona en concreto sino a la familia, la cual era liderada por el pater familias. Aunque en el último siglo de la república y el primero del imperio, esta concepción fue cambiando y el individuo ganó poco a poco en importancia. Gramaticalmente el nomen se comportaba como un adjetivo el cual cambiaba según el género y cantidad de la persona que lo portara, Iulius, Aemilius y Claudius (Julio, Emilio y Claudio) en caso que fuera un varón, Iulia, Aemilia y Claudia (Julia, Emilia y Claudia) en caso de que se estuviera hablando de una mujer o de la familia como tal o Iulii, Aemilii y Claudii (Julios, Emilios y Claudios) en caso de que se tratara de varios miembros de la familia.
El praenomen se le otorgaba a los niños varones al noveno día de nacimiento. Se correspondía con nuestro actual nombre de pila y como tal iba antes del nomen de la misma forma que los nombres propios van antes de los apellidos. Su función era distinguir a los diversos miembros de una familia y como tal se usaba en ambientes familiares o de extrema confianza. Sin embargo existían solamente dieciocho praenomen y la costumbre exigía que se le otorgara al recién nacido el nombre de algún familiar, por lo tanto era común que existieran varias personas que se llamaban exactamente igual, siendo necesario recurrir a aclaraciones como maior (el mayor), minor (el menor), pater (padre), iunior (hijo), etc. Los praenomen eran Aulus (Aulo), Appius (Apio), Caius o Gaius (Cayo), Cnaeus o Gnaeus (Cneo), Decimus (Décimo), Kaeso, Lucius (Lucio), Marcus (Marco), Manius (Manio), Mamercus (Mamerco), Numerius (Numerio), Publius (Publio), Quintus (Quinto), Servius (Servio), Sextus (Sexto), (Spurius), Titus (Tito) y Tiberius (Tiberio).
En la medida que Roma fue creciendo en población, fue cada vez más común que existieran personas que se llamaban exactamente igual. Para evitar confusiones, la gente solía distinguir a una persona de la otra poniéndole sobrenombres, los cuales se volvieron hereditarios. Estos nombretes adquirieron con el tiempo forma legal y se lo denominaba cognomen. El cognomen vino a solucionar el problema de que con el paso de los siglos los parentescos entre miembros de una misma gens era más lejanos y resultaba necesario distinguir las distintas familias dentro del clan. Así por ejemplo los Cornelio tuvieron la rama de los Scipiones (Escipiónes), de los Sullae (Los Sula o Sila), los Lentuli (los Lentulos) y los Cinnae (Los Cinna). Cuya relación podía remontarse a un posible ancestro común siglos atrás.
Posiblemente los cognomen se haya usado primero entre las gens patricias muy numerosas en los que se hacía necesario distinguir sus diversos miembros y ramas. Con el tiempo se fue extendiendo cada vez más, hasta que en el siglo I ac, prácticamente cualquier persona con vida pública tenía su cognomen, salvo algunas escasas excepciones como es el caso de Cayo Mario y Marco Antonio. Los cognomen tenían generalmente un origen rastreable, que hacían referencia a alguna anécdota o característica física de quien lo usó por primera vez. Los poetas Quinto Horacio Flaco y Publio Ovidio Nasón resultan bastante claros al respecto. El cognomen más antiguo fue probablemente Brutus (Bruto) que utilizó una rama de la gens Junia desde que Lucio Junio Bruto se hizo pasar por discapacitado mental (brutus en latín) para poder conspirar tranquilamente contra el último Rey de Roma.
Mención aparte merece el cognomen de Caesar (César), rama de las gens Julia. Caesar bien podría provenir del verbo “caeso” que significa golpear, herir, cortar. Lo que haría referencia al carácter bélico del primero que fue llamado de esta forma o bien que nació por cesárea, aunque es más probable que provenga “caesaries” que significa caballera y sería un mote irónico ya que se trataba de una familia con tendencia a la calvicie temprana. Cesárea o caballera, los césar adquirieron especial relevancia con el ascenso político de Cayo Julio César y la consolidación de su hijo adoptivo Cayo Julio César Octaviano Augusto como emperador. Como esta primera dinastía imperial llevo el cognomen de Caesar este pasó a ser sinónimo del máximo poder en Roma y todos los emperadores posteriores lo agregaron a sus nombres. Los términos en ruso y alemán para el título de emperador “Zar” y “Kaiser” respectivamente, tienen un claro origen en el cognomen “Caesar”.
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