
Publio Cornelio Espción el Áfricano, el general que llevaría a Roma a la victoria sobre Cartago.
Tras haber derrotado a Emilio Paulo y Terencio Varrón en Cannas, en el año 216 ac, sólo las murallas de Roma se interponían entre Aníbal y su objetivo. Sin embargo el general cartaginés decidió no asaltar, contaba con pocos hombres para mantener un sitio efectivo y su capacidad estratégica mermaba teniendo que enfrentarse a un enemigo tras fuertes muros. Aníbal confiaba que los romanos optaran por rendirse o que Cartago impresionada por sus victorias le enviara más hombres. Sin embargo la facción que gobernaba Cartago era la rival a la familia Barca y prefirieron no apoyar la expedición de Aníbal aún a riesgo de comprometer el desarrollo de la guerra.
Roma no se rindió, eligió a un nuevo cónsul Quinto Fabio Máximo quien cambió la estrategia de defensa de la ciudad. Consciente de que su capacidad de estratega era inferior a la de Aníbal evitó enfrentarse en combate directo y decidió en cambio ir limitando gradualmente la capacidad de movimiento de su enemigo como atacar furtivamente cualquier pequeño destacamento que se encontrara en posición desfavorable. Aníbal terminó aislado y arrinconado en alguna parte de Italia y cada vez con menos aliados en la región hasta que no significó mayor riesgo que un numeroso grupo de bandidos.
El otro cónsul, Marco Claudio Marcelo, partió hacia Sicilia a enfrentar a Siracusa y restablecer el dominio romano en esta isla de importancia estratégica para el desarrollo de la guerra. Si tuvo dificultadas para hacerse con la ciudad, fue debido al genio de Arquímedes quien inventó novedosas armas de combate para enfrentarse a los romanos. Sin embargo Siracusa terminó por caer.
Asdrúbal, se mantenía aún en Hispania desde donde enviaba un importante suministro logístico a su hermano en Italia y financiaba la guerra gracias a las importantes minas de metales preciosos españolas. Existía un riesgo aún mayor, visto que Cartago se negaba a enviarle refuerzos a Aníbal, era posible que Asdrúbal cruzara el mismo los Alpes para efectuar al asalto final contra Roma. Era necesario enviar un nuevo general a Hispania. Pero nadie estaba dispuesto a atacar directamente a uno de los bastiones enemigos cuando la propia defensa de Roma era tan desesperada. Un joven patricio se ofreció dando un convincente y conmovedor discurso. Se trataba del mismo que años atrás había salvado valerosamente la vida de su padre cónsul en uno de los primeros enfrentamientos contra Aníbal. Su nombre era Publio Cornelio Escipión.
Escipión demostraría ser un genio militar. Apenas desembarcó en Hispania, tomó Cartago Nova, la capital provincial cartaginesa. Con su carisma se ganó la admiración de sus tropas y la lealtad de las tribus ibéricas que hasta entonces estaban aliadas con Cartago. Poco a poco se hizo con el control de la península ibérica, los cartagineses perdieron de esta manera una fuente de recursos fundamental para poder combatir.
A pesar de que Roma estaba cada vez más cerca de la victoria, no existía un acuerdo general sobre la a estrategia seguir. Fabio Máximo creía que reducidos los dominios cartagineses a su mínima expresión como lo estaba en esos momentos y con Aníbal impotente de hacer nada en Italia, sería sólo cuestión de tiempo para que ya no pudiera afrontar la guerra y se rindiera. Cornelio Escipión en cambio era partidario de un ataque contra la propia Cartago para asegurar de una vez y para siempre la victoria.
La postura de Escipión terminó por prevalecer y este fue enviado a Sicilia para preparar una invasión contra Cartago. Los cartagineses por su parte, siendo concientes de la situación, mandan llamar a Aníbal para que organice la defensa. La Batalla de Zama, librada virtualmente en las puertas de Cartago, enfrentaría finalmente a los dos grandes generales de la segunda guerra púnica, Aníbal y Cornelio Escipión quien contaba con el apoyo de los númidas, un pueblo de jinetes africanos. La victoria romana fue aplastante. El propio Aníbal recomendó al senado cartaginés la rendición. Escipión aceptó la rendición y respetó la vida de Aníbal gracias a la admiración que sentía por él, pese a ser enemigos durante dieciocho años.
Cartago quedó reducida a sus magras posesiones en África, debió renunciar a tener una flota militar, ya no podía declarar la guerra sin previa autorización de Roma a quien tuvo que pagarle una importante indemnización por costos de la guerra. Aníbal se hizo elegir administrador del tesoro público e hizo importantes reformas, pero finalmente tuvo que pagar el costo político de la derrota, fue acusado de corrupción y debió exiliarse. Hay razones para sospechar que detrás de estas acusaciones estaba la presión diplomática romana.
Publio Cornelio Escipión regresó victorioso a Roma y se le otorgó el título honorífico de “El Africano”. Intentó utilizar su prestigio militar para hacer carrera política, obteniendo algunos éxitos iniciales. Pero la clase política vio con desconfianza sus ambiciones que olían a monárquicas y se terminó por retirar de la vida pública.
Video explicativo sobre las guerras púnicas realizado por imperioromando.com
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