
Aníbal Barca, el hombre que estuvo a punto de hacer caer a Roma. La amenaza de Aníbal quedaría grabado a fuego durante siglos en la memoria colectiva romana. Escultura de Sébastien Slodtz (1655 - 1726).
A pesar de su derrota, Cartago no iba a resignarse a ocupar un lugar secundario en la política del Mediterráneo. Sobre todo cuando un sector de la sociedad cartaginesa entendía que la rendición había sido muy apresurada y que no habían llegado a dar todo lo de sí en la guerra. Almícar Barca, el líder de este grupo inició la conquista del sur de la península ibérica con el fin de apropiarse de los importantes yacimientos de oro y plata de la región. Con estas medidas Cartago saneó rápidamente su situación económica, pudo pagar sus deudas con facilidad y volvió a prosperar. Roma no vio con simpatía esta situación pero también estaba muy exhausta para declarar la guerra.
Almícar murió y fue sucedido por su hijo Aníbal, quien demostraría ser un genio militar. La situación entre Roma y Cartago se fue tensando cada vez más. Finalmente Aníbal atacó Sagunto una ciudad hispánica aliada con Roma lo que llevó a la declaración formal de guerra.
La estrategia de Aníbal sorprendió por su osadía, como por la capacidad que tuvo de ejecutarla con éxito. Con el grueso de su ejército atravesó el territorio de la actual Francia donde fue recolectando el apoyo de algunas tribus galas para luego cruzar los alpes y atacar a Roma por su punto más débil. Mientras tanto su hermano Asdrúbal quedó a cargo de los ejércitos que se mantuvieron en Hispania.
El cónsul Publio Cornelio Escipión intentó atacarlo cuando el ejército invasor aún no sé reorganizaba después del extenuante viaje, pero el genio militar de Aníbal supo como reaccionar y les infligió una importante derrota. El cónsul quedó gravemente herido y posiblemente hubiera muerto sino fuera por el coraje de su hijo de diecisiete años e igual nombre.
El otro cónsul, Tiberio Sempronio Longo, se enfrentó con un ejército de 40.000 hombres a los 26.000 de Aníbal en Trebia. A pesar de todos los pronósticos, el cartaginés obtuvo una aplastante derrota y sólo 10.000 soldados romanos sobrevivieron.
Roma tuvo que resignarse a perder el control del norte de Italia. El nuevo cónsul Cayo Flaminio intentó emboscar a Aníbal, pero la trampa se volvió en su contra y fue derrotado en el lago Trasimeno donde perdió la vida. Dos nuevos cónsules Emilio Paulo y Terencio Varrón fueron elegidos con el fin de terminar de una vez con la amenaza cartaginesa. Tenían un ejército muy superior en número al de Aníbal, sin embargo éste en lo que fue la demostración más magistral de su capacidad estratégica, masacró prácticamente a los romanos en la batalla de Cannas quedando con el camino libre para marchar hacia Roma. Cannas es considerando un hito en la estrategia bélica y las academias militares la siguen estudiando hoy en día.
Las cosas tampoco iban bien para Roma en los otros frentes de guerras. En un desesperado intento de revertir la situación, el ex cónsul Publio Cornelio Escipión y su hermano Cneo Cornelio Escipión fueron enviados a Hispania para intentar cortar las líneas de suministros de Aníbal y limitar al acceso cartaginés a los metales preciosos que financiaban la guerra. Pero tras unos primeros éxitos iniciales, fueron derrotados por Adrúbal y perdieron la vida. Como si fuera poco, Siracusa un aliado de importancia estratégica importancia durante la primera guerra púnica cambió esta vez de bando y se puso del lado cartaginés.
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muy buena tu informacion los felicito